domingo, 16 de septiembre de 2018

Hay en Colima un magnífico teatro, ciertamente incompleto, de propiedad del Estado, que se parece por el nombre y por su interior al Teatro Hidalgo de la capital de la República. D. Lucio Uribe, inteligente maestro constructor, de origen colimote, fue el encargado de hacer el Palacio del Estado y el Teatro Hidalgo, y aun creo que trabajó en la Catedral. El nombre de Hidalgo no fue dado allá al azar. En el mismo lote donde se levantó la construcción, allí estuvo una casa, que habitó Hidalgo, allá en 1792, cuando era cura de Colima. El hizo de ella donación al Ayuntamiento. La casa fue destruida para hacer allí el teatro, y fue necesario recordar que allí vivió el Padre de la Patria, dándole su nombre al coliseo. Lo mejor hubiera sido conservar la casa. Pero unos políticos borraron el nombre de Hidalgo y le pusieron “Santa Cruz”, para honrar los buenos servicios de un gobernante. En ese mismo teatro, el 15 de septiembre de 1893, el que esto escribe pronunció un discurso cívico. Estaba entonces en la fuerza de la edad. Después de hacer el más alto elogio del cura libertador, en términos no comunes, el orador dijo: “En este recinto donde nos ha reunido nuestro patriotismo, aquí vivió el venerable cura cuya gloria recordamos. ¿Qué inscripción, qué mármoles o bronces, qué monumentos recuerdan a las nuevas generaciones y advierten al viajero que esta casa fue habitada por el más grande de nuestros héroes, por el padre de nuestras libertades, por el egregio cura de Colima, D. Miguel Hidalgo y Costilla? Con respetuosa como tierna veneración guardan los franceses la Casa de Juana de Arco, y en Génova se conserva con orgullo la casa en que creció Colón; pero nosotros, ¿hasta el nombre de Hidalgo hemos borrado del frontispicio de este teatro? “Que pase esta ingratitud, debida quizá a ceguedad política. Pero por otra parte los colimotes siempre han demostrado que tienen patriotismo, que su corazón rebosa de nobles aspiraciones, que aquí se ama la libertad, que aquí se respetan las leyes y que todos caminamos al progreso. “Derrame sus sonantes cristales el arroyuelo que se desliza entre floridas vegas; perfumen las flores el ambiente; inclinen los campos de arroz y los maizales sus espigas temblorosas, agiten sus flotantes abanicos las palmeras silbadoras simulando eólicas modulaciones; luzcan su plumaje las aves y ensayen sus más ricos gorjeos; levante el mar Pacífico sus olas y cante un himno en nuestras playas, al fulgor de las estrellas cintilantes, y unida a estos cantos armoniosos, alce su voz el volcán para llevar hasta las nubes este grito que ya no cabe en nuestros corazones : ¡Viva la Independencia!” Aquel grito, después de un discurso emocionante, fue una llamada al pueblo de Colima. El público aplaudió con frenesí, pues nadie se había atrevido a hacer aquella alusión. Y años más tarde, el teatro borró de su frontispicio el nombre de “Santa Cruz”, y hoy luce justicieramente el nombre de HIDALGO. Tomado del Libro: *Cuentos Colimotes, Descripciones, cuentos y sucedidos, Gregorio Torres Quintero. Primera Edición 1931. Claudette Beal September 16, 2018 at 09:09PM


Colima Antiguo https://ift.tt/2MDHXMp Hay en Colima un magnífico teatro, ciertamente incompleto, de propiedad del Estado, que se parece por el nombre y por su interior al Teatro Hidalgo de la capital de la República. D. Lucio Uribe, inteligente maestro constructor, de origen colimote, fue el encargado de hacer el Palacio del Estado y el Teatro Hidalgo, y aun creo que trabajó en la Catedral. El nombre de Hidalgo no fue dado allá al azar. En el mismo lote donde se levantó la construcción, allí estuvo una casa, que habitó Hidalgo, allá en 1792, cuando era cura de Colima. El hizo de ella donación al Ayuntamiento. La casa fue destruida para hacer allí el teatro, y fue necesario recordar que allí vivió el Padre de la Patria, dándole su nombre al coliseo. Lo mejor hubiera sido conservar la casa. Pero unos políticos borraron el nombre de Hidalgo y le pusieron “Santa Cruz”, para honrar los buenos servicios de un gobernante. En ese mismo teatro, el 15 de septiembre de 1893, el que esto escribe pronunció un discurso cívico. Estaba entonces en la fuerza de la edad. Después de hacer el más alto elogio del cura libertador, en términos no comunes, el orador dijo: “En este recinto donde nos ha reunido nuestro patriotismo, aquí vivió el venerable cura cuya gloria recordamos. ¿Qué inscripción, qué mármoles o bronces, qué monumentos recuerdan a las nuevas generaciones y advierten al viajero que esta casa fue habitada por el más grande de nuestros héroes, por el padre de nuestras libertades, por el egregio cura de Colima, D. Miguel Hidalgo y Costilla? Con respetuosa como tierna veneración guardan los franceses la Casa de Juana de Arco, y en Génova se conserva con orgullo la casa en que creció Colón; pero nosotros, ¿hasta el nombre de Hidalgo hemos borrado del frontispicio de este teatro? “Que pase esta ingratitud, debida quizá a ceguedad política. Pero por otra parte los colimotes siempre han demostrado que tienen patriotismo, que su corazón rebosa de nobles aspiraciones, que aquí se ama la libertad, que aquí se respetan las leyes y que todos caminamos al progreso. “Derrame sus sonantes cristales el arroyuelo que se desliza entre floridas vegas; perfumen las flores el ambiente; inclinen los campos de arroz y los maizales sus espigas temblorosas, agiten sus flotantes abanicos las palmeras silbadoras simulando eólicas modulaciones; luzcan su plumaje las aves y ensayen sus más ricos gorjeos; levante el mar Pacífico sus olas y cante un himno en nuestras playas, al fulgor de las estrellas cintilantes, y unida a estos cantos armoniosos, alce su voz el volcán para llevar hasta las nubes este grito que ya no cabe en nuestros corazones : ¡Viva la Independencia!” Aquel grito, después de un discurso emocionante, fue una llamada al pueblo de Colima. El público aplaudió con frenesí, pues nadie se había atrevido a hacer aquella alusión. Y años más tarde, el teatro borró de su frontispicio el nombre de “Santa Cruz”, y hoy luce justicieramente el nombre de HIDALGO. Tomado del Libro: *Cuentos Colimotes, Descripciones, cuentos y sucedidos, Gregorio Torres Quintero. Primera Edición 1931. Claudette Beal

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