jueves, 3 de agosto de 2017

La Tabla Ouija En el año de 1962, gobernaba el Estado de Colima el Licenciado Francisco Velasco Curiel, hombre de pocas palabras, serio, trabajador y enérgico. Su mayor sueño como jefe del Ejecutivo, fue sin duda construir la vía corta a Guadalajara para evitar a los colimenses y a los visitantes el largo rodeo que se hacía hasta Jiquilpan para llegar a la Perla Tapatía. La obra quedó concluida antes de terminar su sexenio y cubrió perfectamente las necesidades del estado durante más de 25 años. Por aquellos tiempos mi padre, Don Guillermo Cárdenas tenía la costumbre de tomar cada primer domingo del mes, la vieja carretera a Tonila para ver el avance de la obra. Con sus íntimos amigos, el profesor Francisco Hernández Espinosa, Don José Ramírez, Don Rafael Rivera, Don Agapito García y Don Cipriano Zamora, abordaron un enorme Dodge Coronet el cual iba siempre bien pertrechado con carnitas, tortillas calientes y cervezas llorando de puro frío. Se detenían hasta donde estaban trabajando las máquinas, y bajo la sombra de un árbol daban cuenta de las viandas y de las bebidas de moderación. Mi hermana Elba Elena era una joven inquieta, alegre y sensible. Tenía especial habilidad para platicar con la Ouija, esa desconcertante tabla que tiene impresos el abecedario, la numeración y los signos zodiacales, y que se maneja con los dedos índice, cordial y anular. La ouija contesta ciertas preguntas a determinadas personas. La mañana de un domingo de diciembre de 1962 don Guillermo nos avisó que se iba a ver una vez más su carretera. Mi hermana propuso una sesión de ouija, y acompañados de mis amigos de siempre, Victor Manuel Moreno y Guillermo Saucedo de la Torre, nos dispusimos a pasar el rato platicando con la extraña tabla. Los cuatro muy serios nos sentamos alrededor de una mesa presidida por Elba. Hice una pregunta sin importancia y mi hermana colocó sus dedos a unos milímetros del triángulo, el cual no se movió. Insistí y la tabla permaneció muda. Entonces Elba preguntó: ¿En dónde está mi papá? El triángulo comenzó a moverse y escribió: calle 5 de mayo y el número de una casa. Elba salió veloz rumbo al domicilio y allí encontró a don Guillermo junto con sus amigos comiendo tranquilamente en el restaurante Mi Tierra, famoso en aquellos años por su buena cocina. ¿Sabría Elba con anterioridad que allí llegarían a comer? Ella lo ha negado siempre. Aunque no creo en brujos ni en brujas ni en fantasmas ni en ouijas, el asunto nos impactó, y mi madre doña Marina, cruzó el Jardín Núñez para visitar al párroco del templo de La Merced y contarle el caso. El buen cura ordenó la inmediata quema de la parlanchina tabla, cosa que a la señora Marina le pareció magnífica idea. Unos minutos antes de prenderle fuego, Elba le hizo la última pregunta: “¿por qué a Hilario nunca le contestas?”…. Y aquel viejo pedazo de leña sin miramiento alguno respondió: “por pendejo”…. Desde entonces no he vuelto a tener contacto con adivinadoras, médiums, espiritistas, ouijas agresivas que le digan a uno sus verdades. *Luces de mi Ciudad, Relatos. Hilario Cárdenas Jiménez August 03, 2017 at 10:49PM


Colima Antiguo http://ift.tt/2hsj63M La Tabla Ouija En el año de 1962, gobernaba el Estado de Colima el Licenciado Francisco Velasco Curiel, hombre de pocas palabras, serio, trabajador y enérgico. Su mayor sueño como jefe del Ejecutivo, fue sin duda construir la vía corta a Guadalajara para evitar a los colimenses y a los visitantes el largo rodeo que se hacía hasta Jiquilpan para llegar a la Perla Tapatía. La obra quedó concluida antes de terminar su sexenio y cubrió perfectamente las necesidades del estado durante más de 25 años. Por aquellos tiempos mi padre, Don Guillermo Cárdenas tenía la costumbre de tomar cada primer domingo del mes, la vieja carretera a Tonila para ver el avance de la obra. Con sus íntimos amigos, el profesor Francisco Hernández Espinosa, Don José Ramírez, Don Rafael Rivera, Don Agapito García y Don Cipriano Zamora, abordaron un enorme Dodge Coronet el cual iba siempre bien pertrechado con carnitas, tortillas calientes y cervezas llorando de puro frío. Se detenían hasta donde estaban trabajando las máquinas, y bajo la sombra de un árbol daban cuenta de las viandas y de las bebidas de moderación. Mi hermana Elba Elena era una joven inquieta, alegre y sensible. Tenía especial habilidad para platicar con la Ouija, esa desconcertante tabla que tiene impresos el abecedario, la numeración y los signos zodiacales, y que se maneja con los dedos índice, cordial y anular. La ouija contesta ciertas preguntas a determinadas personas. La mañana de un domingo de diciembre de 1962 don Guillermo nos avisó que se iba a ver una vez más su carretera. Mi hermana propuso una sesión de ouija, y acompañados de mis amigos de siempre, Victor Manuel Moreno y Guillermo Saucedo de la Torre, nos dispusimos a pasar el rato platicando con la extraña tabla. Los cuatro muy serios nos sentamos alrededor de una mesa presidida por Elba. Hice una pregunta sin importancia y mi hermana colocó sus dedos a unos milímetros del triángulo, el cual no se movió. Insistí y la tabla permaneció muda. Entonces Elba preguntó: ¿En dónde está mi papá? El triángulo comenzó a moverse y escribió: calle 5 de mayo y el número de una casa. Elba salió veloz rumbo al domicilio y allí encontró a don Guillermo junto con sus amigos comiendo tranquilamente en el restaurante Mi Tierra, famoso en aquellos años por su buena cocina. ¿Sabría Elba con anterioridad que allí llegarían a comer? Ella lo ha negado siempre. Aunque no creo en brujos ni en brujas ni en fantasmas ni en ouijas, el asunto nos impactó, y mi madre doña Marina, cruzó el Jardín Núñez para visitar al párroco del templo de La Merced y contarle el caso. El buen cura ordenó la inmediata quema de la parlanchina tabla, cosa que a la señora Marina le pareció magnífica idea. Unos minutos antes de prenderle fuego, Elba le hizo la última pregunta: “¿por qué a Hilario nunca le contestas?”…. Y aquel viejo pedazo de leña sin miramiento alguno respondió: “por pendejo”…. Desde entonces no he vuelto a tener contacto con adivinadoras, médiums, espiritistas, ouijas agresivas que le digan a uno sus verdades. *Luces de mi Ciudad, Relatos. Hilario Cárdenas Jiménez

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