martes, 12 de diciembre de 2017

Un 12 de diciembre pero del año de 1966. Por el Profesor Manuel Hernández Luna. Son la 5 de la mañana, las campañas de la iglesia tocan al alba, la banda y la chirona tocan por los barrios de la Villa, ruidosos cohetes se escuchan, de todos los hogares se ven salir los faroles artesanos hechos de carrizo y papel de china que se colocan en las paredes de las casas, pronto todas las calles se iluminan por la cantidad de faroles encendidos, algunos de manera primorosa cuelgan de los lazos de papel picado que cruzan las calles. A las 5.30 am se llama a misa, empiezan a salir de sus casas las señoras y señoritas distinguidas de la Villa, vistiendo sus hermosos trajes primorosamente bordados en punto de cruz, debajo de la magia, visten sus familias con elaborados deshilados que presumen al subir las banquetas y gradas de la iglesia, engalanan sus cuellos y brazos con vistosos collares de cuentas de papelillo y pedrería de fantasía, grandes arracadas o dormilonas de oro penden de sus oídos, algunos hombres, los hombres devotos visten su sombrero Guaimeño, gaban de jerga, ceñidor de hilo, calzonera de gamusina, calzón de forma recta con bordados de tanda y picos de tafeta, calzan huracanes dobles cargados de cascabeles, en la espalda cargan una canastilla jitomatera llena de regalitos para los niños que reparten al salir de misa. Orgullosas de su vestimenta se les ve llegar al templo, solas o en peregrinación a Doña Aurelia Centeno, Julia Estrada, Paula Castañeda, las hermanitas Virgen, Socorro Ceballos, entre otras. Hoy el traje tiende a modificarse en colores pero no en su estructura, algunas mujeres bordan en hilos dorados y otras bordan la imagen de la Virgen completa en un vestido recto a semejanza de ayate de Juan Diego. Nuestras tradiciones cambian, otras desaparecen, pero, pregunto ¿qué estamos haciendo por rescatarlas? December 12, 2017 at 11:32AM


Colima Antiguo http://ift.tt/2BW1LFO Un 12 de diciembre pero del año de 1966. Por el Profesor Manuel Hernández Luna. Son la 5 de la mañana, las campañas de la iglesia tocan al alba, la banda y la chirona tocan por los barrios de la Villa, ruidosos cohetes se escuchan, de todos los hogares se ven salir los faroles artesanos hechos de carrizo y papel de china que se colocan en las paredes de las casas, pronto todas las calles se iluminan por la cantidad de faroles encendidos, algunos de manera primorosa cuelgan de los lazos de papel picado que cruzan las calles. A las 5.30 am se llama a misa, empiezan a salir de sus casas las señoras y señoritas distinguidas de la Villa, vistiendo sus hermosos trajes primorosamente bordados en punto de cruz, debajo de la magia, visten sus familias con elaborados deshilados que presumen al subir las banquetas y gradas de la iglesia, engalanan sus cuellos y brazos con vistosos collares de cuentas de papelillo y pedrería de fantasía, grandes arracadas o dormilonas de oro penden de sus oídos, algunos hombres, los hombres devotos visten su sombrero Guaimeño, gaban de jerga, ceñidor de hilo, calzonera de gamusina, calzón de forma recta con bordados de tanda y picos de tafeta, calzan huracanes dobles cargados de cascabeles, en la espalda cargan una canastilla jitomatera llena de regalitos para los niños que reparten al salir de misa. Orgullosas de su vestimenta se les ve llegar al templo, solas o en peregrinación a Doña Aurelia Centeno, Julia Estrada, Paula Castañeda, las hermanitas Virgen, Socorro Ceballos, entre otras. Hoy el traje tiende a modificarse en colores pero no en su estructura, algunas mujeres bordan en hilos dorados y otras bordan la imagen de la Virgen completa en un vestido recto a semejanza de ayate de Juan Diego. Nuestras tradiciones cambian, otras desaparecen, pero, pregunto ¿qué estamos haciendo por rescatarlas?

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