lunes, 30 de abril de 2018

Cortarse, quemarse y golpearse, lesiones más recurrentes en jóvenes universitarios





Cuando un joven no tiene las herramientas adecuadas para lidiar con sus emociones o con sus problemas cotidianos, puede recurrir a conductas destructivas. Las más conocidas son el abuso del alcohol o de las drogas, pero también pueden utilizar una estrategia autodestructiva menos familiar: cortarse, quemarse y golpearse a sí mismo para escapar del color, la tristeza, la ira o la culpa.

Un estudio realizado en 564 estudiantes de licenciatura, de entre 17 y 26 años, provenientes de ocho universidades en la Ciudad de México, reveló que 30.9 por ciento de los jóvenes se había lesionado a sí mismo cortándose, quemándose o golpeándose por lo menos una vez en su vida. 

El estudio, que recibió apoyo de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, también evidenció que 26.9 por ciento se había enganchado en el comportamiento y lo había repetido cinco veces o más.

A este tipo de lesiones se le conoce como autolesiones no suicidas y se dan, la mayoría de las veces, cuando una persona no es capaz de manejar sus emociones y recurre a lastimarse de diferentes maneras: se corta, con navajas incluso; se quema, con cigarrillos o con encendedor; golpea la pared, algún objeto o a sí mismo en la cara o en el cuerpo; se rasca hasta sangrar; o se entierra objetos filosos en el cuerpo, explica Everardo Castro Silva, quien trabajó en el estudio como parte de su tesis doctoral.

Al provocarse una herida, el cuerpo libera unas sustancias llamadas opioides endógenos, que son los analgésicos naturales que ayudan a calmar el dolor, y eso alivia momentáneamente el sufrimiento emocional, explica el investigador.

Este comportamiento es una señal de alarma que indica que un individuo no tiene herramientas para lidiar con el estrés o incluso con situaciones de la vida cotidiana, y detectarlo a tiempo podría evitar que el problema escale a trastornos más graves, como las adicciones, la bulimia, la anorexia, o incluso el suicidio.


Un tranquilizante engañoso


Las autolesiones no suicidas son un método de evadir o enfrentar emociones, tienen múltiples motivaciones pero la más frecuente es que frente a una emoción —enojo, tristeza, culpa— que los adolescentes, jóvenes o adultos perciben como incontrolable y que no saben cómo manejar, ven en autolesionarse una manera de tranquilizarse.

“Esto tiene que ver con un mecanismo biológico. Cuando una persona se lastima, se manda una señal a su cerebro y el cerebro empieza a liberar unas sustancias conocidas como opioides endógenos, que son como los analgésicos que los humanos tenemos integrados. Lo que hacen estos analgésicos es aminorar el dolor, es por eso que cuando alguien se lastima, el dolor empieza a disminuir después de un rato”, señala el psicólogo Everardo Castro.

Al cortarse, quemarse o golpearse, los jóvenes sienten dolor, pero después viene una sensación de alivio que los calma incluso de los estados de ánimo alterados en que se encuentran.

El problema es que la sensación de relajación es temporal y cuando el alivio pasa, el problema que generó el estrés emocional sigue allí, y los jóvenes pueden recurrir a la práctica para volver a tranquilizarse. De hecho, cuando un joven se ha lesionado más de cinco veces, en promedio, continúa con la práctica por cinco años y termina con múltiples cicatrices, explica el investigador.

Fuente:  Conacyt Prensa 

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