viernes, 6 de abril de 2018

Secuencian el genoma indígena de mexicanos

Analizar el genoma de los habitantes originarios de América no sólo ayuda a entender mejor por qué enfermedades como la diabetes parecen afectar más a los mexicanos que a los europeos, sino también a arrojar luz sobre cómo los primeros humanos llegaron a este continente, cómo se colonizó el país, qué grupos se interrelacionaron e, incluso, si la palabra nahua responde a una identidad cultural o a una genética. “Así de amplias son las respuestas que se derivan de este trabajo”, expuso Alejandro Garciarrubio, del Instituto de Biotecnología.

Fueron más de cinco años los invertidos por el universitario y 30 especialistas para secuenciar e interpretar la información obtenida de 15 individuos (12 indígenas y tres mestizos). Los resultados de esta indagatoria –encabezada por el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen)– fueron publicados recientemente en la revista Nature Communications.

“Era importante ahondar en esto porque los proyectos para analizar genomas humanos se habían centrado en europeos, africanos y asiáticos, y dejaron de lado a los nativo-americanos, por lo que se ignoraba cuál era su aportación a la diversidad genética del mundo y al mestizaje en América Latina tras la llegada de los conquistadores.”

Tras los pasos de nuestros ancestros
La población de América es la más reciente en cuanto a ocupación continental y se sabe que se dio cuando grupos provenientes de Asia atravesaron –más de una vez– el estrecho de Bering. “Uno de los resultados más importantes del estudio es confirmar que los indígenas de México presentan una uniformidad genética, lo cual corrobora que todos son producto de una sola migración y, además, de una conformada por muy pocos individuos”, indicó Garciarrubio.

A decir del investigador, estos datos posibilitan entender mejor cómo se conformaron los pueblos originarios, cuáles se mezclaron y cuáles se mantuvieron aislados. “Es cierto que hay un origen común, pero también diferencias entre etnias y esto nos da pistas del porqué”.

Entre las conclusiones más notables, destacó la relacionada con los pueblos del norte, los cuales, por haber mantenido comunidades pequeñas y un carácter nómada son muy distintos a los del resto de la nación. “Ello también explica el hallazgo funcional más relevante de este trabajo: la identificación de variantes en genes relacionados con el desarrollo muscular y la capacidad física de los tarahumaras o, como se dicen ellos, rarámuris (palabra endónima que significa ‘de pies ligeros’)”.

Uno de los argumentos que se daban para justificar esta aptitud sobresaliente para la carrera era la de una adaptación biomecánica derivada de los usos y costumbres de una cultura gestada en las cumbres de la Sierra Madre Oriental, aunque la secuenciación del genoma apunta a una respuesta mucho más compleja.

“Fue una sorpresa encontrar en los tarahumaras un enriquecimiento de variantes justo en los genes asociados con el desarrollo muscular y la resistencia, lo cual apunta a una constitución genética favorecedora en ese sentido. Éste es un hallazgo muy interesante porque hay pocos ejemplos similares en la literatura mundial, como la adaptación a la altura entre los incas y tibetanos.”

Respecto a los pueblos de la parte central de México –cuna de grandes culturas como la olmeca y la teotihuacana–, Garciarrubio observó que éstos se mantuvieron separados y comenzaron a mezclarse de forma muy reciente (en el último milenio).

“Por su parte los mayas presentaron una gran heterocigosis, concepto que nos habla de qué tan grande es la comunidad de la cual se obtiene un individuo y, en este caso, los datos señalan un gran éxito poblacional. Se calcula que en la Época Clásica llegaron a ser cinco millones y ello explica el gigantesco pool genético hallado, todo lo contrario a lo observado con los indígenas del norte.”

El reportaje completo en la Gaceta UNAM

Fotos de Colima Antiguo