lunes, 14 de mayo de 2018

Estudian efectos terapéuticos de nanopartículas en cerebro de ratones #UdeC



En los últimos años, el uso de las nanopartículas ha adquirido relevancia en la medicina, ya que varios estudios han demostrado que gracias a sus propiedades físicas y químicas es posible introducirlas al organismo como vehículos farmacológicos para su uso como terapias dirigidas hacia un órgano específico, de tal forma que los efectos secundarios se reduzcan en comparación con lo que ocurre con la mayoría de los medicamentos.

Actualmente, ya existen en el mercado nanopartículas que han sido aprobadas por agencias internacionales para el tratamiento de tumores como el cáncer de mama o la detección de VIH; sin embargo, se sabe poco de sus efectos en órganos como el cerebro, de ahí la importancia de realizar estudios que ayuden a averiguar si esta tecnología puede ser aplicada en estas partes del cuerpo.

Ésta es precisamente el área de investigación de Eduardo Lira Díaz, estudiante de la maestría en Ciencias Médicas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Colima, quien desde hace dos años realiza estudios en ratones sanos para ver la reacción del cerebro al introducir dichas nanopartículas y que, en un futuro, esta terapia pueda utilizarse para el tratamiento de enfermedades como el Parkinson o Alzheimer.

Lira Díaz no utiliza ratones enfermos “porque lo que queremos ver es la respuesta en ratones sanos, para poder decir si sería factible introducirlas en animales con algún padecimiento, ya que al introducir al cerebro un agente externo, los astrocitos y las células de microglía son las primeras en responder ante un daño, lo que podría generar una respuesta conocida como gliosis reactiva, proceso que dependiendo de la severidad del daño puede ser reversible o permanente”.

De ahí que su proyecto de investigación “Evaluación de Glíos reactiva inducida por nanopartículas de oro en el cerebro del ratón adulto”, asesorada por Óscar Gonzales Pérez, profesor-investigador del laboratorio en Neurociencias de la Facultad de Psicología, evalúa las respuestas en ambas células del Sistema Nervioso Central, para saber si este tipo de terapia se puede administrar de manera efectiva.
Los astrocitos son un tipo de célula glial localizada en el sistema nervioso central, esto es, en el encéfalo y la médula espinal. Como el resto de la glía, los astrocitos cumplen roles de soporte en relación con las neuronas, que son las principales células del sistema nervioso desde un punto de vista funcional. Los astrocitos tienen este nombre porque su forma es muy parecida a la de una estrella.

En entrevista, el joven investigador explicó que cuando el estímulo es grave, las poblaciones de astrocitos y microglía tienden a aumentar y “comienzan a hacerse más gordas; es decir, se convierten en hipertróficas, provocando cambios en su morfología, para después liberar moléculas que reparan el daño, que en ocasiones puede traer consecuencias perjudiciales”. 

En los casos graves, añadió, “se forma una cicatriz glial que aísla la zona afectada para evitar que el daño se expanda al tejido sano; sin embargo, la parte perjudicial radica en que la matriz extracelular contiene moléculas que inhiben el crecimiento de los axones de las neuronas, por lo que la zona dañada pierde su función y la posibilidad de regenerarse”.

Por esta razón, explicó, es necesario conocer la reacción de estas células ante la presencia de las nanopartículas en un cerebro sano. Una vez que se pruebe que estas nanopartículas no generan un daño grave en el cerebro, pueden generarse nuevas preguntas e investigaciones para que se les puedan acoplar fármacos y así hacer frente a enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer.

Hasta el momento, dijo por último Eduardo Lira, no se han presentado respuestas graves. “Tenemos animales que nos sirven de control (sin nanopartículas), a quienes hacemos evaluaciones y comparamos con los ratones a los cuales se les han introducido nanopartículas de oro en el cerebro. Hemos visto que de cuatro parámetros que medimos uno se encuentra presente, pero creemos que de acuerdo con lo que se dice en estudios previos, esta respuesta no se puede definir como típica de un daño grave, por lo que podría ser un daño reversible, es decir, de tipo leve”.

Eduardo Lira Díaz, egresado de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y su asesor, Óscar Gonzalez, trabajan junto con Raúl Alberto Morales, del Centro Conjunto de Investigaciones en Química Sustentable de a la Universidad Autónoma del Estado de México y la UNAM.

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