miércoles, 22 de agosto de 2018

Nango. Por Roberto Huerta Sanmiguel. Es sin duda una linda palabra colimense. Su significado denota cierta ternura para referirse a aquellos cuya inteligencia no es muy clara, no es muy dotada. Nango pudiera ser sinónimo de otra divertida palabra muy utilizada en México, pero menos delicada, la palabra pendejo, que significa también, aquel individuo con poca inteligencia pero que al pronunciarla tiene una carga que conlleva cierto aire de desprecio. Y ojo, no se trata del idiota o del estúpido, es simplemente nango. Nango es para abreviar, el pendejo tropical. Aquel ser inocente que transita sobre las calles empedradas de Colima, que se mimetiza entre las palmeras, las parotas y las bugambilias. El nango no es perverso, es más bien inocente y gracioso, y sus quehaceres, pueden ser resultado de una modorra secular. Una nublazón producida por el clima inclemente, tan lleno de sol y humedad donde pervive la desidia, los mosquitos y las siestas de mediodía. Ser nango no es una afrenta, es más bien una condición del lugar, un accidente del destino, en donde todos podemos ser nangos. Los nangos no son mal vistos, porque todos tenemos en algún momento algo, o mucho de nango. Ser nango es un tropezón, un momento de desatino, o también una condición permanente. A veces pienso que es una palabra casi frutal, como mango, como aquel mango de Manila que debió llegar de la mar del sur. Es más fácil decirle a alguien nango que pendejo, al menos no resulta una afrenta, y ni siquiera un insulto, es casi como decir tontuelo. Es tan cariñosa esa forma de decirle al pendejo, pues pendejo. Y es que, en este mundo tan nango, nadie de nanguear se escapa, ni el que esto escribe, ni el que lea esta nanguera. Foto representativa de Internet. August 22, 2018 at 04:33PM


Colima Antiguo https://ift.tt/2OZlxXw Nango. Por Roberto Huerta Sanmiguel. Es sin duda una linda palabra colimense. Su significado denota cierta ternura para referirse a aquellos cuya inteligencia no es muy clara, no es muy dotada. Nango pudiera ser sinónimo de otra divertida palabra muy utilizada en México, pero menos delicada, la palabra pendejo, que significa también, aquel individuo con poca inteligencia pero que al pronunciarla tiene una carga que conlleva cierto aire de desprecio. Y ojo, no se trata del idiota o del estúpido, es simplemente nango. Nango es para abreviar, el pendejo tropical. Aquel ser inocente que transita sobre las calles empedradas de Colima, que se mimetiza entre las palmeras, las parotas y las bugambilias. El nango no es perverso, es más bien inocente y gracioso, y sus quehaceres, pueden ser resultado de una modorra secular. Una nublazón producida por el clima inclemente, tan lleno de sol y humedad donde pervive la desidia, los mosquitos y las siestas de mediodía. Ser nango no es una afrenta, es más bien una condición del lugar, un accidente del destino, en donde todos podemos ser nangos. Los nangos no son mal vistos, porque todos tenemos en algún momento algo, o mucho de nango. Ser nango es un tropezón, un momento de desatino, o también una condición permanente. A veces pienso que es una palabra casi frutal, como mango, como aquel mango de Manila que debió llegar de la mar del sur. Es más fácil decirle a alguien nango que pendejo, al menos no resulta una afrenta, y ni siquiera un insulto, es casi como decir tontuelo. Es tan cariñosa esa forma de decirle al pendejo, pues pendejo. Y es que, en este mundo tan nango, nadie de nanguear se escapa, ni el que esto escribe, ni el que lea esta nanguera. Foto representativa de Internet.

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