jueves, 6 de septiembre de 2018

DE LOS APUNTES DEL CRONISTA: Recuerdos de Don Arturo Orduña y Doña Zeny (3) Por Horacio Archundia Cronista Municipal y de la Ciudad de Manzanillo. Enamorado un día se casó con una preciosa porteña, Zenayda Chávez Michel, cuyas exigencias religiosas acabaron cerrando el Salón París en 1946, porque emprendieron juntos – en 1942-, un negocio que sobrevive a los embates de la competencia de las grandes firmas: La Casa Zeny, famosa, célebre, tradicional en Manzanillo. Durante algunos años, la Casa Zeny, dedicada a la venta de calzado, ropa, blancos, bonetería y merecería de calidad, así como a la comercialización de otros productos, funcionó en la Calle México, entre las fincas de Foto Cárdenas y el Hotel Colonial. En 1960, don Arturo inauguró el edificio de la actual Casa Zeny en la esquina de las Calles Francisco González Bocanegra y Felipe Carrillo Puerto. Desde entonces ha ejercido el comercio con puntualidad bajo el control primero de Doña Zeny, y luego de su hijo Francisco José, que la mantiene. La Casa Zeny ha sido por décadas el lugar preferido de mucha gente. Por generaciones, los vecinos de los pueblos cercanos acudieron a la misma a adquirir prendas de ropa, pañuelos, calcetines, manteles, almohadas, almohadones, cojines primorosamente bordados, pabellones, colchas, fondos, medios fondos, crinolinas, “sostenes” o brassieres, calzado de ante o fino raso, etcétera. Allí recibieron la atención amable, gentil, de Doña Zeny, de quien se dice llegó a ser más popular que Don Arturo, aunque la verdad es que fue una competencia sana y noble que sin querer empataron: la gente los apreciaba igual. Ambos fueron parte de una sociedad local divertida, afable, que gustaba de reunirse constantemente en fiestas y sanas convivencias de las que quedan muchos recuerdos gráficos. El matrimonio Orduña Chávez era sumamente sociable. Y de esa manera se recuerda su carácter festivo, agradable, “fiestero”. Ella ganaba los clientes de la Casa Zeny y los multiplicaba y él construía edificios para rentar. La fortuna, como era lógico, creció y se hizo envidiable. No es extraño, por ello, que se les identificara como gente de la buena sociedad de Manzanillo. Don Arturo ganó prestigio en el puerto: fue miembro del Club de Leones, del Club Rotario, del Club Náutico y de muchas organizaciones empresariales y sociales. Fue presidente en varias ocasiones de la Cámara Nacional de Comercio de Manzanillo y allí destacó por su colaboración con las causas sociales. Del matrimonio Orduña Chávez nacieron cuatro hijos: Luis Arturo, Francisco José, Zayda Mercedes y Carlos Horacio, todos empresarios porteños y gentes socialmente bien identificadas. Tras la exitosa vida que llevó, Don Arturo rindió su tributo a la madre tierra el 25 de septiembre de 1985. Pocos años después, el 20 de septiembre de 1992, Doña Zenayda Chávez viuda de Orduña, - la inolvidable Doña Zeny-, le alcanzó en el último viaje. Las imágenes que incrusto, son, de Don Arturo cuando fue registrado en la Junta Municipal de Reclutamiento, en los años cuarenta del siglo pasado, y de Doña Zenaida Chávez, su esposa, en la plenitud de su fructífera y dignísima vida. La primera la obtuve del Archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional, y la segunda nos fue proporcionada, hace ya algunos años, por su hijo Francisco José Orduña, actual propietario de la Casa Zeny Ambos forman parte de los personajes del viejo Manzanillo. Sus vidas son ejemplos y deben ser recordadas. September 06, 2018 at 05:09PM


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