jueves, 4 de octubre de 2018

El Día de San Francisco de Asís. La celebración del día de San Francisco, fiesta religiosa que en Colima tuvo su origen desde la fundación del pueblo de San Francisco de Almoloya, en cuya parroquia, a través del tiempo, se organizaban novenarios resonantes y concurridísimos por todos los colimotes. Frente al antiguo templo que estuvo situado donde hoy se levanta el nuevo, había dos majestuosos árboles, quizá milenarios, que daban sombra a una amplia extensión, y en donde se situaba durante el novenario un numeroso contingente de vendedores, de pinole, bolas de maíz dulce, alegrías, semillas de calabaza, atole, tamales, pozoles, sobre todo las sabrosas empanadas de coco, piña y leche, que para su venta se colocaban en grandes mesas o en bates completamente planas que se cubrían con papel de china de colores diversos y encendidos. Frente a la parroquia, estaba precisamente la panadería de don León Mancilla, bastante acreditada por la elaboración de su pan y por las ricas empanadas que fabricaba y que, durante el novenario y especialmente el día de San Francisco, aumentaba en cantidad para venderse en nuestra ciudad, de donde se las solicitaban. En medio de la numerosa romería, que durante los días de la función visitaba el pueblo de San Francisco, se escuchaba el continuo grito que con cierto tono anunciaban los vendedores de las “empanaditas de coco, piña y leche”. Y ese grito y esa fiesta, resonaban en todo Colima; las panaderías de la ciudad entraban en amistosa competencia en la elaboración diaria de empanadas, se multiplicaba el número de vendedores escuchándose por todos los rumbos los melodiosos gritos, trayendo en su diestra amplias hojas de papel de china que servían precisamente para envolver las empanadas a los compradores. Era costumbre de los colimenses regalar a sus amistades empanadas envueltas en papel de china, solicitándolas con la célebre frase de “Padrino, mis empanadas”, a quien le ganara la solicitud tenía la obligación de obsequiarlas bajo pena de que se le tomara como una persona tacaña. Los novios, por galantería y aún por obligación, enviaban a sus novias sus ricos regalos de empanadas, envueltas en papel de la clase indicada o en mascadas de color. El pueblo de San Francisco y sus calles adyacentes se engalanaban con lazos de papel de china de colores variados, y por las noches se iluminaban con faroles, mientras que la música de ese tiempo tocaba sus hermosas melodías, sin faltar “el pito y tambor” como le llamaban al conjunto indígena de la chirimía. De esas alegrías que participaron nuestros antepasados nos queda muy poco, casi el recuerdo simplemente. Tomado del Libro: *El Colima de Ayer, Francisco Hernández Espinosa. Primera Edición, 1958. Claudette Beal October 04, 2018 at 08:54PM


Colima Antiguo https://ift.tt/2BXhojr El Día de San Francisco de Asís. La celebración del día de San Francisco, fiesta religiosa que en Colima tuvo su origen desde la fundación del pueblo de San Francisco de Almoloya, en cuya parroquia, a través del tiempo, se organizaban novenarios resonantes y concurridísimos por todos los colimotes. Frente al antiguo templo que estuvo situado donde hoy se levanta el nuevo, había dos majestuosos árboles, quizá milenarios, que daban sombra a una amplia extensión, y en donde se situaba durante el novenario un numeroso contingente de vendedores, de pinole, bolas de maíz dulce, alegrías, semillas de calabaza, atole, tamales, pozoles, sobre todo las sabrosas empanadas de coco, piña y leche, que para su venta se colocaban en grandes mesas o en bates completamente planas que se cubrían con papel de china de colores diversos y encendidos. Frente a la parroquia, estaba precisamente la panadería de don León Mancilla, bastante acreditada por la elaboración de su pan y por las ricas empanadas que fabricaba y que, durante el novenario y especialmente el día de San Francisco, aumentaba en cantidad para venderse en nuestra ciudad, de donde se las solicitaban. En medio de la numerosa romería, que durante los días de la función visitaba el pueblo de San Francisco, se escuchaba el continuo grito que con cierto tono anunciaban los vendedores de las “empanaditas de coco, piña y leche”. Y ese grito y esa fiesta, resonaban en todo Colima; las panaderías de la ciudad entraban en amistosa competencia en la elaboración diaria de empanadas, se multiplicaba el número de vendedores escuchándose por todos los rumbos los melodiosos gritos, trayendo en su diestra amplias hojas de papel de china que servían precisamente para envolver las empanadas a los compradores. Era costumbre de los colimenses regalar a sus amistades empanadas envueltas en papel de china, solicitándolas con la célebre frase de “Padrino, mis empanadas”, a quien le ganara la solicitud tenía la obligación de obsequiarlas bajo pena de que se le tomara como una persona tacaña. Los novios, por galantería y aún por obligación, enviaban a sus novias sus ricos regalos de empanadas, envueltas en papel de la clase indicada o en mascadas de color. El pueblo de San Francisco y sus calles adyacentes se engalanaban con lazos de papel de china de colores variados, y por las noches se iluminaban con faroles, mientras que la música de ese tiempo tocaba sus hermosas melodías, sin faltar “el pito y tambor” como le llamaban al conjunto indígena de la chirimía. De esas alegrías que participaron nuestros antepasados nos queda muy poco, casi el recuerdo simplemente. Tomado del Libro: *El Colima de Ayer, Francisco Hernández Espinosa. Primera Edición, 1958. Claudette Beal

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