domingo, 30 de diciembre de 2018

MERIENDAS DE DON PORFIRIO DIAZ Don Porfirio Díaz, el grande e ilustre dictador de México, estuvo en Colima. Era hombre de acción notable. Antes de su último levantamiento que dio origen a su dictadura, personalmente anduvo por distintos lugares de la República preparando el derrocamiento del señor Juárez que, al fin. No tuvo lugar por haberlo derrocado antes la muerte; pero ese derrocamiento, como es bien sabido, se verificó en los sucesores. Cuando aún vivía el señor Juárez, fue gobernador de Colima, por primera vez, el señor don Francisco Santa Cruz, que tuvo la magnífica idea de construir el teatro que por varios años llevó su nombre, y que ahora lleva el nombre del señor Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, en recuerdo de este héroe que también estuvo en Colima, nada menos que como cura del Beaterio, con su casa habitación precisamente en el lugar que ocupa el Teatro Hidalgo. Mas fue a don Francisco Santa Cruz a quien corresponde la gloria de haber iniciado la construcción del citado edificio por el año de 1871. Vamos a nuestra narración pintoresca. No recordamos por qué motivo andaba en Colima por aquellos días don Pedro A. Galván, que también tiene su calzada dedicada en esta Ciudad, y es la que nuestro pueblo conoce con el nombre de “Piedra Lisa”, designación más justa que la anterior, pues a la piedra que, en efecto, tiene una cara lisa, debe el pueblo y sobre todo la niñez colimense más beneficios que a don Pedro A. Galván. Era éste amigo de don Porfirio, por que esos días andaba conspirando, y por lo mismo transitaba por las ciudades y pueblos de la República como incógnito. Así llegó a Colima en donde nadie lo conocía, salvo Don Pedro A. Galván, con quien se puso en relación bien pronto, y un día a punto estuvo de ser descubierto por el señor Santa Cruz, que acostumbraba dar unas vueltas a caballo por la ciudad, casi todas las tardes. Una de éstas, don Porfirio platicaba con el general Galván en una de las bancas del puente viejo, es decir, del que cruza el río de Colima en la calle que hoy lleva el nombre de Torres Quintero. Afortunadamente el general Galván estaba sentado viendo a la calle, y don Porfirio viendo al río con un pié en el suelo y otro en la banca. Don Porfirio vio aparecer, ya cerca, la figura del gobernador; pero con toda serenidad le dijo a Galván: “Ahí viene Santa Cruz”, y a la vez hizo un movimiento de inclinación como si le llamara la atención la corriente del río, para dar la espalda completamente a Santa Cruz, que pasó de cerca y detrás de él, sin conocerlo. A punto estuvo pues, el gobernador juarista, de sorprender al futuro jefe de la revolución que derrocaría la administración juarista. Don Porfirio dejó sembrada la simiente de su conspiración que más tarde germinaría en manos de Julio García e Isidoro Ortíz, y para hacer aquélla, siempre estuvo muchos días en Colima, andando siempre de incógnito. ¿En dónde vivía don Porfirio? En Villa de Alvarez, en la casa de don Ignacio Cruz Centeno que lo alojó en ella, como si adivinara que aquél hombre que andaba perseguido y mal vestido, esquivando la mirada del gobierno, llegaría a ser el gran reconstructor de la patria. Lo tuvo como huésped poniéndose en peligro de ser descubierto como protector de rebeldes y castigado, porque, aunque el Señor Santa Cruz posteriormente sirvió a la administración porfirista cuando ésta entró en el carril de la legalidad, antes y en virtud de esa misma legalidad, tenía que perseguir a los revoltosos. Por eso mismo don Porfirio conocía a Santa Cruz como hombre recto y apegado a la justicia y a la ley, esquivaba su mirada cuando rebelde, para aprovechar después sus buenos servicios, en vista de esa misma honorabilidad, cuando presidente. Don Ignacio Cruz Centeno sirvió a don Porfirio de la mejor manera posible en el escondite en que lo tenía, y así fue que don Porfirio manifestaba gusto especial en las meriendas con un pan y un chocolate que decía no haber tomado antes. Era la hora de las expansiones con don Ignacio, la hora de la merienda, tomando unas semitas enmantecadas muy sabrosas, que gustaba a sus anchas el futuro héroe de Tecoac. Nuestra historia siguió desarrollándose rápidamente. Murió el señor Juárez. Ascendió al poder público el señor Lerdo. En Colima el señor Santa Cruz pidió licencias y más licencias para no estar de gobernador los últimos meses de su periodo, para no estar siendo molestado por las intrigas de los enemigos políticos. Por fin don Porfirio se lanzó a la lucha con el Plan de Tuxtepec por bandera; lo favoreció el triunfo de Tecoac y la fuga de don Sebastián Lerdo, y llegó a la Presidencia de la República, Naturalmente que todos los amigos y partidarios de don Porfirio estuvieron de plácemes, y entre ellos don Ignacio Cruz Centeno. Este hizo un viaje especial a México, a visitar a su protegido en los días de persecución, viaje molesto y tardado en aquel tiempo en que no había ferrocarril y se tardaban días largos en llegar a la capital. Don Porfirio se distinguió siempre, entre otras muchas cualidades que el tiempo ha acrisolado en vez de destruir, por una suma atención a todo el mundo, y más a los que le habían hecho algún favor. Pero era natural que, habiendo conocido tantas personas en su vida de revolucionario, en un momento dado, más de alguna se le olvidara, sobre todo cuando había pasado bastante tiempo sin verla. Esto sucedió con don Ignacio Cruz Centeno al presentársele, siendo ya presidente, en los primeros momentos. Don Ignacio notó en don Porfirio la mortificación que sentía por no conocerlo al saludarlo, y don Ignacio, un tanto aturdido por el gran número de personas que se encontraban en el aparatoso acto de la recepción y el lujo soberbio del recinto, no encontró en su mente otro recuerdo para identificarse, que el de las meriendas con chocolate y semitas de Villa de Alvarez. Al escuchar el nombre de estos alimentos, don Porfirio abrazó efusivamente a don Ignacio renovándole sus protestas de gratitud, y presentándolo a la selecta concurrencia, como uno de sus buenos y viejos amigos. *Miguel Galindo, Historia Pintoresca de Colima, 1939. *Imágen para ilustrar. Claudette Beal. December 30, 2018 at 12:59PM


Colima Antiguo http://bit.ly/2ViTd6t MERIENDAS DE DON PORFIRIO DIAZ Don Porfirio Díaz, el grande e ilustre dictador de México, estuvo en Colima. Era hombre de acción notable. Antes de su último levantamiento que dio origen a su dictadura, personalmente anduvo por distintos lugares de la República preparando el derrocamiento del señor Juárez que, al fin. No tuvo lugar por haberlo derrocado antes la muerte; pero ese derrocamiento, como es bien sabido, se verificó en los sucesores. Cuando aún vivía el señor Juárez, fue gobernador de Colima, por primera vez, el señor don Francisco Santa Cruz, que tuvo la magnífica idea de construir el teatro que por varios años llevó su nombre, y que ahora lleva el nombre del señor Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, en recuerdo de este héroe que también estuvo en Colima, nada menos que como cura del Beaterio, con su casa habitación precisamente en el lugar que ocupa el Teatro Hidalgo. Mas fue a don Francisco Santa Cruz a quien corresponde la gloria de haber iniciado la construcción del citado edificio por el año de 1871. Vamos a nuestra narración pintoresca. No recordamos por qué motivo andaba en Colima por aquellos días don Pedro A. Galván, que también tiene su calzada dedicada en esta Ciudad, y es la que nuestro pueblo conoce con el nombre de “Piedra Lisa”, designación más justa que la anterior, pues a la piedra que, en efecto, tiene una cara lisa, debe el pueblo y sobre todo la niñez colimense más beneficios que a don Pedro A. Galván. Era éste amigo de don Porfirio, por que esos días andaba conspirando, y por lo mismo transitaba por las ciudades y pueblos de la República como incógnito. Así llegó a Colima en donde nadie lo conocía, salvo Don Pedro A. Galván, con quien se puso en relación bien pronto, y un día a punto estuvo de ser descubierto por el señor Santa Cruz, que acostumbraba dar unas vueltas a caballo por la ciudad, casi todas las tardes. Una de éstas, don Porfirio platicaba con el general Galván en una de las bancas del puente viejo, es decir, del que cruza el río de Colima en la calle que hoy lleva el nombre de Torres Quintero. Afortunadamente el general Galván estaba sentado viendo a la calle, y don Porfirio viendo al río con un pié en el suelo y otro en la banca. Don Porfirio vio aparecer, ya cerca, la figura del gobernador; pero con toda serenidad le dijo a Galván: “Ahí viene Santa Cruz”, y a la vez hizo un movimiento de inclinación como si le llamara la atención la corriente del río, para dar la espalda completamente a Santa Cruz, que pasó de cerca y detrás de él, sin conocerlo. A punto estuvo pues, el gobernador juarista, de sorprender al futuro jefe de la revolución que derrocaría la administración juarista. Don Porfirio dejó sembrada la simiente de su conspiración que más tarde germinaría en manos de Julio García e Isidoro Ortíz, y para hacer aquélla, siempre estuvo muchos días en Colima, andando siempre de incógnito. ¿En dónde vivía don Porfirio? En Villa de Alvarez, en la casa de don Ignacio Cruz Centeno que lo alojó en ella, como si adivinara que aquél hombre que andaba perseguido y mal vestido, esquivando la mirada del gobierno, llegaría a ser el gran reconstructor de la patria. Lo tuvo como huésped poniéndose en peligro de ser descubierto como protector de rebeldes y castigado, porque, aunque el Señor Santa Cruz posteriormente sirvió a la administración porfirista cuando ésta entró en el carril de la legalidad, antes y en virtud de esa misma legalidad, tenía que perseguir a los revoltosos. Por eso mismo don Porfirio conocía a Santa Cruz como hombre recto y apegado a la justicia y a la ley, esquivaba su mirada cuando rebelde, para aprovechar después sus buenos servicios, en vista de esa misma honorabilidad, cuando presidente. Don Ignacio Cruz Centeno sirvió a don Porfirio de la mejor manera posible en el escondite en que lo tenía, y así fue que don Porfirio manifestaba gusto especial en las meriendas con un pan y un chocolate que decía no haber tomado antes. Era la hora de las expansiones con don Ignacio, la hora de la merienda, tomando unas semitas enmantecadas muy sabrosas, que gustaba a sus anchas el futuro héroe de Tecoac. Nuestra historia siguió desarrollándose rápidamente. Murió el señor Juárez. Ascendió al poder público el señor Lerdo. En Colima el señor Santa Cruz pidió licencias y más licencias para no estar de gobernador los últimos meses de su periodo, para no estar siendo molestado por las intrigas de los enemigos políticos. Por fin don Porfirio se lanzó a la lucha con el Plan de Tuxtepec por bandera; lo favoreció el triunfo de Tecoac y la fuga de don Sebastián Lerdo, y llegó a la Presidencia de la República, Naturalmente que todos los amigos y partidarios de don Porfirio estuvieron de plácemes, y entre ellos don Ignacio Cruz Centeno. Este hizo un viaje especial a México, a visitar a su protegido en los días de persecución, viaje molesto y tardado en aquel tiempo en que no había ferrocarril y se tardaban días largos en llegar a la capital. Don Porfirio se distinguió siempre, entre otras muchas cualidades que el tiempo ha acrisolado en vez de destruir, por una suma atención a todo el mundo, y más a los que le habían hecho algún favor. Pero era natural que, habiendo conocido tantas personas en su vida de revolucionario, en un momento dado, más de alguna se le olvidara, sobre todo cuando había pasado bastante tiempo sin verla. Esto sucedió con don Ignacio Cruz Centeno al presentársele, siendo ya presidente, en los primeros momentos. Don Ignacio notó en don Porfirio la mortificación que sentía por no conocerlo al saludarlo, y don Ignacio, un tanto aturdido por el gran número de personas que se encontraban en el aparatoso acto de la recepción y el lujo soberbio del recinto, no encontró en su mente otro recuerdo para identificarse, que el de las meriendas con chocolate y semitas de Villa de Alvarez. Al escuchar el nombre de estos alimentos, don Porfirio abrazó efusivamente a don Ignacio renovándole sus protestas de gratitud, y presentándolo a la selecta concurrencia, como uno de sus buenos y viejos amigos. *Miguel Galindo, Historia Pintoresca de Colima, 1939. *Imágen para ilustrar. Claudette Beal.

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