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miércoles, 1 de marzo de 2023

Johann Moritz Rugendas el genio alemán que plasmó en el lienzo los paisajes volcánicos de Colima para la posteridad

Artista alemán, descendiente de una ilustre familia de grabadores de Augsburgo, nacido en 1802 y muerto en 1858. Su obra reúne ante todo un rico conjunto de ilustraciones sobre tipos, costumbres y paisajes de México y de otros países de América Latina. 

Su primera visita a América se produjo acompañando, como dibujante, a la expedición del barón de Langsdorff a Brasil, de la cual salió el Viaje pintoresco al Brasil de Huber (18271835), ilustrado con 100 litografías de Rugendas. Tras este primer contacto, el artista volvió a Europa, donde permaneció entre 1825 y 1830 y donde visitó Italia, Francia e Inglaterra. Su intención era conseguir financiación para llevar a cabo un vasto plan para editar una obra monumental que diese a conocer América en todos sus aspectos,

Con un pequeño apoyo económico, pasó, primero a Haiti, en 1831, y después a México, en donde permaneció a lo largo de tres años, de 1831 a 1834. Se instaló en Veracruz, pero al tiempo viajó por diferentes regiones y participó, finalmente, en una conspiración en contra del presidente, don Anastasio Bustamante, que le costó la cárcel y la expulsión del país. En Veracruz entró en contacto con un gran número de compatriotas instalados en la misma ciudad por encontrarse en ella la Compañía Renana de las Indias Occidentales.

De México pasó a Chile en donde, entre 1834 y 1840, produjo parte de lo mejor de su obra; después visitó Perú, país en el que permaneció entre 1841 y 1844. Regresó a Europa en 1846. En el viaje de vuelta se detuvo en Brasil, donde recibió el encargo de realizar el retrato de Pedro H.

una interesante colección de más de 1.600 apuntes, que clasificó según criterios geográficos, aunque les concedió sugestivos nombres: Fisonomía de las Comarcas Costeras, La Región de las Sábanas, La Región de tos Bosques, Las Altas Montañas, La Altiplanicie. Pintó, además, gran cantidad de retratos y tomó apuntes magníficos de los tipos aborígenes, así como escenas costumbristas, legando a los americanistas y etnólogos una valiosa colección de pequeñas pinturas sobre los tipos aborígenes de Puebla, México y Veracruz. Esta última parte de su obra en México se divide en Habitantes del País, Los Criollos, Los Campesinos, Los Mestizos, La Vida de las Ciudades. Interesado vivamente en los usos y costumbres del país, encontró temas apasionantes para cubrir los siguientes capítulos: Oficios en las Pequeñas Ciudades y Villas, La Milicia y el Estado Militar, el Proletario en México, La Agricultura y los Campesinos, La Agricultura en la Altiplanicie y en los Climas Tórridos, y La Cría de Ganado.

Junto a esta labor plástica fue desarrollando una interesante colección de notas sobre el estado de conservación de los más notables monumentos arqueológicos, coloniales y artísticos en la primera mitad del siglo XIX.

Una minima parte de esta obra se publicó más tarde en el libro Mexiko: Landschaftsbilder und Skizzen aus dem Volksleben (Paisajes y Tipos de México), editado en Alemania en 1855, del cual se hizo una segunda edición en Londres en 1858. Esta obra, dividida en 24 capítulos, consta de 18 litografías que representan panoramas, costumbres y tipos del país; sobresalen por su extraordinario interés artístico y documental las láminas: Puerto de Veracruz con el Castillo de San Juan de Ulúa, Aborígenes de Tierra Caliente, Región de Papantla, La Barranca de Santa Maria con tos Altos del Mirador y el Volcán de Orizaba, Los Mestizos, Paseo de las Vigas, La Alameda (México), Paseo Público, Soldados Cívicos de Tierra Caliente y Fruteros, y El Volcán de Colima. Treinta y siete pequeñas pinturas al óleo de Rugendas conserva el Museo Nacional de Historia, treinta de ellas son escenas veracruzanas. Por la variedad, los diversos intereses de los temas, por su sentido investigador, a Rugendas se le ha llamado El Humboldt de la Pintura en América.

El estilo de Rugendas se caracteriza por la riqueza del color y el sentido de los contrastes dramáticos, por la pincelada suelta a la manera impresionista, por el expresionismo que se advierte en los llamados "apuntes", por los juegos de luces, por el movimiento y vida que tienen sus escenas costumbristas y aun sus paisajes, y por el efectismo y la monumentalidad de sus composiciones. Todos estos elementos han determinado que el critico norteamericano Walter Pach compare su obra con la de Delacroix, caracterizada por los grandes efectos teatrales y la pasión.

Igualmente dentro de la producción de Rugendas destaca el cultivo del retrato. Ninguno más interesante que el de Luisa C. de Jiménez (1833), que tiene una clásica composición de diagonales que estructura los diversos elementos. La señora tendida en la hamaca rodeada por la vegetación, en un rincón sombreado de un país tropical, cuyas formas se delatan bajo el traje blanco, la libertad con que el pintor se expresa, las ideales lineas clasidstas que insinúan un cierto carácter matronal que contrasta con la finura del perfil del rostro, todo es calma y reposo, pero justamente las vivas pinceladas de Rugendas y los efectos de luz, dan un aire sensual y lleno de encanto al conjunto, que hace pensar en las odaliscas de Delacroix.

Diferente es el retrato de la Marquesa de Vivanco (1833); calma y reposo también campean en él; belleza clásica y matronal tiene la figura, sentada comodamente en una terraza o balcón en el que irrumpen las plantas del jardín; posándose sobre el parapeto, un loro; en la pared que hace fondo se contemplan una pintura religiosa y un cruclfljo bañados por la luz, de manera que se forma un contraste y un efecto con la oscura cabellera de la dama; el ambiente mejicano de una casa de campo está logrado perfectamente; la libertad de las pinceladas y los oportunos toques, todo, da idea del gran artista que fue Rugendas.

Calidad de pintura excelente tiene asimismo el retrato (1833) de la monja María Concepción de tos Angeles (Rosa Ochoa) que no sólo recuerda a Delacroix, sino a su continuador, a Manfit. Gracia y frescura tienen las Chinas poblanas de Santa Fe, Veracruz; movimiento, contraste y vida, el Salteador de diligencias; luz y sombra componen el Trapiche de Tuzamapa, como en una pintura impresionista; la gracia de expresión goyesca aparece en la Corrida de Toros en la plaza de San Pablo, México; y en la escena de la Alameda de México en un día de paseo por la mañana. Todas estas pinturas fueron ejecutadas en 1833.

En los paisajes, el carácter monumental corresponde a la grandiosidad de la naturaleza. Rugendas fue un artista con sentido de lo grandioso.

Costumbres, tipos, paisajes, arqueología y retratos son los temas que Rugendas abarcó, es decir, todo lo que interesaba más vivamente al tiempo, lo que podía estimular la imaginación de los europeos que no conocían América y que el artista, con verdadero sentido poético, les reveló. Además de las ya citadas, entre sus obras destacan: La vida en el patio de un mesón en Veracruz en 1831; Llegando a Jalapa con el Cofre de Perote al fondo; Descanso el patio de una fonda francesa en Jalapa; Barranca de Sta.Maria en /as cercanías de Jalapa; Panorama del Valle de México desde San Bartolo Naucalpan; La Alameda en la Ciudad de México; Aprehensión nocturna de un asesino en la Ciudad de México; Viernes de Dolores en el canal de La Viga; Camino a Guadalajara entre Atotonilco y Zapotlanejo; Vista del Nevado de Colima desde el mar; Vicenta Jiménez; Indio de Zempoala; Doña Ana Noriega de O 'Gorman; y El salteador de diligencias .

Bibliografía

BAYON Damián: El arte de México de la colonia a nuestros días. Akal, 1991.

RAMÍREZ ROJAS, Fausto: Arte del siglo XIX en la Ciudad de México. Madrid, 1984.

Autor

Beatriz Alegre Carvajal.

Fuente: mcnbiografias.com La web de las biografías

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